SOÑÉ QUE SOÑABA

Se asoma la tarde por mi ventana abierta y la brisa se cuela de rondón por mi mente, revolviéndome las ideas y agitándome los pensamientos en un maremagnum de sensaciones cada cual más imposible de sentir que la anterior y pienso...Que triste es la vida del que no cree en otra existencia y que triste es su muerte. Cuando la vida es tan corta, sin esperanza, y la muerte tan larga. Cuando no hay nada, tras el sueño eterno. Que miedo da morirse, desintegrarse, hacerse nada. Yo no me pienso morir, al menos, no del todo, lo justo para cumplir con las normas, por no hacerle un feo al destino, morirme sólo un poquito para que me puedan llorar los que me querían, y para alivio de quien me prefiera muerta.


Desde ahora solicito el permiso divino, para que llegado el momento, mi espìritu libre, pueda volar por el ancho mundo, viajar por el Universo sin límites, y así cumplir mis sueños más locos...


Me iré a visitar el Olimpo vacío, a rogar a los dioses que vuelvan, que los pobres mortales se sienten desconcertados y aburridos. Iré a buscar a las xanas y a las náyades, porque sin su presencia los ríos están tristes y las fuentes ya no cantan y la tierra se reseca.


Le pediré a Sherezade que siga inventando cuentos, porque los niños se han olvidado de soñar y ya no existe la imaginación, sólo la realidad. Suplicaré al ave Fénix que una vez más resurja de sus cenizas y cubra el mundo con sus plumas de colores, que todo se está volviendo gris y opaco. Al mago Merlín que nos preste las estrellas de su capa para poder pedir un deseo. Tal vez le preguntaré a Buda si quiere dar un paseo conmigo para estirar las piernas y luego nos sentaremos a contemplar Alejandría desde lo alto del Faro en compañía de Cleopatra, mientras las sirenas con sus cánticos vuelven a tentar a Ulises...Y ... Tal vez les haga una jugarreta a todos los profetas de todas las religiones, citándolos a la misma hora en el círculo mágico de Stonehenge para que fumen la pipa de la paz con Toro Sentado a la luz de la luna...
Se asoma la noche por mi ventana abierta y unas insolentes gotas de lluvia se cuelan, empapándome la cara, disipando el humo del tabaco, despierto y pienso que triste es la noche del que no sueña y sólo duerme, cuando la vida es tan corta...y la noche tan larga.


Emma Rosa Rodríguez González