poemas de "amanece la noche" (1992)
salimos de los campos de batalla vencedores
el orgullo bebiéndose por dentro nuestra sangre
nos dijimos la vida es nuestra no tenemos nada
que temer ya no hay problemas atrás el enemigo
yace inerte
no era cierto
salimos de los campos las batallas
empezaban en nosotros cada uno
sucumbiendo ante sus odios sus rencores
y el placer que provoca dar la muerte
ahora es la hora de los salmos
el santo rey david prepara la honda
y el santo rey fernando las espadas
santa juana de arco sus arqueros
y los santos violentos de la historia
preparan sus cabezas nucleares
ya es la hora maldita de los salmos
escóndete en la tierra más lejana
es hora de los salmos la salmodia
de curas confesores penitentes
va cubriendo de tierra a los vencidos
otoño otra vez
como la muerte se repite
y otra vez como las lluvias el vacío
de estar lejos de ti
de no tenerte
amanece la noche
cuando ella
despereza su cuerpo
y se despoja
de la última seda
que separa
su piel y mi deseo
poemas de "donde beben las almas"(1999)
1.- una mar mentida y cierta
“vengo, madre, de mirar
una mar mentida y cierta
que no es la mar y es la mar”
(R. Alberti.- Marinero en tierra )
como bocas del mar
serán tus ojos
manantiales
donde beben las almas
donde el mar se remansa – como el ciego
marinero se derrama en la arena
exhausto entre los restos del naufragio -
perdida cólquida vengo a tenderme
en la abrigada rada de tus senos
fiado en que me sean favorables
los anhelos que alojas el deseo
éxodo
alzas los brazos y se abre
el mar en dos entre tus piernas
faraón que te acosa se aventura
- unicornio desnudo – por tu lecho
no ignora el maremoto que le acecha
el tumulto del agua reunida
un sofoco de sal desde los labios
el ahogo y la muerte más pequeña
tarde de mayo
nada gana la playa por ejemplo
si el llanto de tus poros le regala
amarguras de sal cálida escarcha
ni es mas agua la mar porque tu cuerpo
le dé barcos de rubias singladuras
pero quiero – y no tiene la razón
derecho de prohibirlo – que tú seas
el canon que permite que la arena
reciba luz del sol poniente y midas
en lentos pasos de tus pies desnudos
la extensión de una tarde
de mayo por ejemplo
2- antes que el tiempo acabe
“No eres tú, sino sombra
Del amor que en mí existe
Antes que el tiempo acabe.”
(L. Cernuda. Con las horas contadas)
como una bala lenta que se acerca
dormida inevitable
al centro del cerebro
como una niña arena que se escapa
enferma de las manos
es el miedo que tengo de perderte
no existe el tiempo dice es la celada
que un demiurgo tiende a nuestros sueños
lo afirma cuando aún cuelga
la dicha al sol sus últimos pendones
y el tiempo que no existe la despierta
abocada al abismo de su espejo
deshabitado el amor la memoria
y la belleza
Ronsard me célébrait du temps que j'étais belle !
(P. Ronsard. Sonnets pour Hèlène)
cuando pasen las rosas y el otoño
embosque sobresaltos en tu espejo
bebe las dulces fuentes del pasado
déjate seducir por la nostalgia
cuando llegue el invierno y ya no sea
la sombra del amor que nos cobija
iré hasta ti doliente de añoranza
por las tardes de ayer que no he tenido
la flor de sed que sueño sin saciarme
3.- voz que soledad sonando
“Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola
todo lo que va tocando
(Ángel González. Áspero mundo)
génesis
casi en la noche el deseo te asalta
eres ángel de fuego que me invita
a habitar para siempre sus moradas
yo sierpe de pecado que desciende
soberbia hacia el jardín del paraíso
me mientes el amor y la ternura
calma tu sed el fruto que te ofrezco
enemigo que soy me das la vida
y cómo explico
que abro los labios para dar un beso
y se me llena el estómago de humo
y de alaridos
una ciudad sin río ni arboledas
un invierno interior en donde apenas
las gestes el paisaje son más cálidos
que el pánico de ver la muerte a solas
el guardián de la torre pierde el sueño
a veces en la noche porque escucha
un rumor de cantigas en las celdas
el guardián de la torre no distingue
si es un carmen de amor o himno de luto
el canto que perturba su descanso
abajo en las mazmorras los enfermos
exhalan su dolor las madres llaman
a gritos a sus hijos los más jóvenes
se enamoran y sufren pero nadie
pone música o ritmo a sus palabras
la falta de atención y la distancia
la dureza de oído y una mente
no dotada de gusto por el arte
convierten como mágica retorta
lo que no es sino vida cotidiana
en la más melodiosa serenata
el coro funeral más afligido
la mujer del brujo es joven desmayada
se acurruca en las sombras lejos del fuego muda como una sierva mientras la escarcha va formando cristales en su pelo
cansado de fumar junto a una lumbre fría el hechicero envuelve sus huesos encorvados en una piel de vaca que chinches y pulgas le disputan reclina sobre un tronco su cabeza lastrada de alcohol y se abandona en las garras de un sueño espejo de la muerte
la mujer rebusca en una parva de trigo infesto de gorgojo donde esconde una estaca de olivo puntiaguda
se acerca arrastrando por el barro sus cabellos a la yacija inmunda donde el hombre convive con todos sus olores
alza al aire sus manos oferentes
empuña en ellas un bálano asesino que descarga setenta veces siete sobre el pecho de quien siempre la había maltratado
hay sobre el fuero un pote de barro olla prohibida que hierve a borbotones un agua pestilente
bebe un sorbo de urgencia que escalda su garganta
se incorpora
es alta y sarmentosa como un árbol en invierno
intenta maldecir y la posee un olvido tan largo como el odio
su cuerpo se vuelve incandescente
le estalla la cabeza
de ella vuelan jaramagos y abejas
poemas de "arquitectura efímera" (1998-2005)
PRÓLOGO
el amor
arquitectura efímera
funámbulo equilibrio
leve como la herida
que la sombra de un árbol
produce sobre el lecho
de agua en que descansa
llanto
por consolar al viento
de duelo por su cara
extiende ella
dos húmedas pestañas
dos abanicos de agua
remedios caseros
recorrer una playa el espigón
junto al muelle de una ciudad extraña
abrazar esa sal que me provoca
disimuladas lágrimas
abrirme
las venas los poros para la brisa
que no recuerda músicas antiguas
ni ha olvidado tampoco los quejidos
de tu cuerpo y mi cuerpo abandonados
al curso de la noche de las bocas
desgarradas en dos como una tumba
no sucumbir al choque de mi imagen
con cien años de más de paseante
que se refleja solo en los cristales
hacerme el fuerte sonreír al tiempo
que hojeo en la memoria anuncios por
palabras la llamada de socorro
de alguien como yo que busque piso
de alquiler y compañero de viaje
ignorar el tirón de tu recuerdo
y no estar contigo otra vez si no
es posible que mueras en mis brazos
te amaré hasta la muerte
- dijo - mientras
sacaba de la funda un estilete
ofertorio
para tus manos pájaro
para tu piel serpiente
para tu boca el ala
muda de un beso
soy
fénix
ha pasado la chacha por la sangre
colocado el desorden de la propia
expiración
recogido sus restos
en paquetes que ha ido repartiendo
por secciones diversas del olvido
aseado calzado de cinismo
y perfumado ha salido a la calle
convertido en hombre nuevo
dispuesto
a gozar el castigo de otro día
orillas de la mar
el ala de un pájaro esperando
que el viento la vuele
se eleve el aire sobre ella
alzado en deseado vuelo
de labios agobiados
del aliento
por las zonas de umbría de tu cuerpo
boca de pluma al abatirse
lenta como la edad
inexorable
al tibio contacto de la piel dormida
- unas cosquillas leves sobre el vello
un beso íntimo de espuma -
te despierte
fame coacta vvlpes
fame coacta uulpes alta in uinea
uuam adpetebat ...
tan lejos en la arena de aquella mar de vino
poblada de medusas el cuerpo de una diosa
naciendo de la espuma a la mañana comiéndose
las olas su cintura tus ojos sus caderas
bebiéndote el deseo la baba a tragos largos
mientras ella plástico y sexo anda descalza
a desplegar su hermoso cepo en una toalla
rebozada de aceites su piel como de mieles
donde quedan prendidas miradas de moscones
presos de patas o remisos nondum matura
- murmuras viejo zorro no te gusta admitir
que hincarías gustoso el diente en esas uvas
“in vino veritas”
dijiste acariciando
el cuenco de la copa
como hubieras
querido acariciarle
la curva de la cara
allí donde se juntan
los lóbulos el pelo
con el cuello
brindando por sus ojos
embustero
cuando ansiabas
arrancarle la ropa
echar tu fruto
al hondo jaraíz
de su bodega
te dijo acariciando
su boca con el fino
reborde de la copa
ofreciendo el calor
del caldo compartido
a su garganta
provocando
la subida de todos
tus humores
la saliva en la boca
y un fermento
de poderosa sed
bajo tu vientre
“in vino veritas”
articulaste apenas
con la ofídica lengua
mojándote los labios
deseando beber
entre los suyos
el fruto madurado
por el roble
agarrarte a sus muslos
rotundos como el árbol
y libar entre ellos
otros caldos
más allá de protestas
de resuellos
de gritos y de espasmos
de una noche de amor aderezada
de atávicos sabores olvidados
la verdad es que te vino
sin apenas rozarla
nausícaa privada
el ruido de las olas
batiendo impertinentes
en los acantilados
al fondo de sus ojos
me devolvió a la vida
visión
vi pájaros inválidos
sin vuelo
no volaban
no podían alzarse
al viento acudir
a reposar su espuma
sobre la adelantada
arista de tus labios
vi pájaros de aliento
volar desde mi boca
a picotear tu cuello
iguales que una hoz
de niebla puntiaguda
mar sureste
1.-
parecía muy sola
caminaba hacia mí sobre la línea
tan poco perceptible que limita
el azar y el destino
la luz que se filtraba entre los toldos
aureolaba de azules su cabeza
traía en la mirada
un bálsamo de ovas
olor de los naranjos en el pecho
la esquina de su pubis cobijaba
atolones de lava contenida
2.-
yo navegaba a lomos del destierro
un tobogán de sal una montaña
rusa de mar donde pudiera
aplacar el ardor de otra memoria
3.-
detrás de mis pupilas florecían
antófagas miradas
la sombra de mi paso envenenaba
la ondosa cabellera el ondulante
torso de los mares
4-
vine a comer el plancton de su boca
por toda recompensa le ofrecía
un cabo de cuaderna varado entre las algas
el aroma de sal que transportaban
mis labios a sus labios
5.-
deja de lado tus temores rema
a bordo de mi espalda estigia
más allá del amor está la muerte
más acá del amor no queda vida
6.-
haces de mí inmortal
tu voz me mueve
como aerolitos en el planetario
me sueñas y me creas
el delirio
de un cíclope borracho
una doncella
enamorada crea las manos
que apaciguan su piel
sobre la noche me imaginas tú
y yo te invento
marina
como si oyera el mar
cuando me asomo
a la baranda azul
de su mirada
el olor de la brisa
me conmueve
el aire perfumado
entre las heliconias
ahora que a veces
recuerdo tu presencia
como si ya te hubieras ido
me gusta acariciarte
por delante del tiempo
cuando no estarás tú
y será vuelo
- un pájaro aterido
de plumas incendiarias -
el roce arrebatado de tu cuerpo
la negada rugosidad de los poros
la insolencia recatada en el desnudo
los labios tan abiertos
que no abarqué sus límites
la batalla perdida de certeros
puñales contra ti
sorprendida
de seda
desa(r)mada
leo tu piel
de pronto mármol frío
cincelado epitafio que evocase
memoria escrita de pasiones muertas
pluma la punta de mi lengua alzaba
un mapa de tu dermis al recuerdo
los vellos pubescentes
los lunares
cicatrices de ataques invisibles
al alma
a la escondida entraña
al sexo
tu boca abierta
un frente de combate
un ejército diestro en la emboscada
tus caderas
la línea de tus senos
armadura quebrada por los labios
llamas de dolor ansiado
espera
de tu pelo venido como lenguas
de fuego a derramar
su don sobre la carne
es un tiempo añorado
ahora duermes
ajena
tu desgana sobre el lecho
abarloada a mi espalda contra un muelle
donde carga sus naves la desidia
suave alabastro acoge mis caricias
fácil la palma se desliza libre
recorre los paisajes donde hubiera
asaltos del amor sordas tormentas
mas no recoge nada como nada
recibe el enfermero que piadoso
cierra los ojos que olvidó la vida
bajarás otra vez
última vez
a contemplar conmigo
el hueco de tu cuerpo
vacío sobre lechos
de limo en el olvido
te mirarás tendida
como hacías entonces
fiada tu cabeza
vestía mi cintura
repasarás pisadas
ahora desprovistas
de peso por las playas
de nuestra biografía
el tiempo hecho de mármol
de mercurio
de malas digestiones
infinito
buscarás ya sin sed
la fuente de los besos
el sabor mineral
de las adolescentes
bocas cruzadas de ortodoncia
echarás de sus nidos
las aves del recuerdo
las que aún recuperan
sus fuerzas en las ramas
calladas de tu arpa
silenciosa
dormida
no quedará al subir
memoria que te inquiete
un bocado de sal sea la despedida
dos ababoles negros
las viejas cicatrices de los besos
que tus labios habrían arrancado
cuando aún se acercaba
balsámica tu sombra
de mi entraña
cuando ya no te quiera
perdurará sonámbula tu esencia
el nombre que te nombra sumergido
en pliegues de traición de mi cerebro
acechando el momento de evadirse
- un murmullo- al oído de otra amante
escapar de esta casa
quizás hacia un paisaje
que ya no existe lo secuestró el tiempo
arriba los pinares las sabinas
el espliego y abajo un río niño
que acurrucan las hojas de los chopos
siglos atrás
el aire transparente
el agua limpia la cristalina
entrada de las almas debutantes
a la vida al amor a la pereza
de unos cuerpos felinos
amando junto al fuego
antes del cloro el sida y los condones
no importa el sitio en realidad si tienes
una ventana abierta a los tejados
las copas de los árboles moradas
vecinas donde orea el sol
los vahos de la noche una atalaya
para mirar el mundo desde arriba
- tu ciudad - como torre de vigía
la colada tendida las antenas
la ruina que amenaza la belleza
los hastiales bastidos de palomas
- sus mentidas virtudes recortadas
en alas de colores contra el cielo
sucumbir al estímulo emularlas
vestirse su plumaje alzar el vuelo
entregar al vacío un cuerpo grávido
dejarse despeñar por el abismo
el tiempo ya no pasa los recuerdos
mueren arriba en la alcoba abierta
que no visita nadie
no conocen
su nombre las sirenas sus afanes
el color de su pelo
-¡tan oscura es la noche! -
las tardes embriagadas en tugurios
su apetecible cuerpo en una playa
otras presas quisieran devorarlo
gatos de callejón estatuas móviles
ojos de fósforo entre los escombros
sobresalto erizado a la captura
de la sangre caliente
cuajando en las baldosas
mizos corriendo con las bocas llenas
espumadas de plumas de malvada
carne de inmolación de sacrificio
vestida por la muerte de inocencia
la plegaria del pez
I forget to pray for the angels
and then the angels forget to pray for us
sales de ti regresas al origen
un paramecio aislado una medusa
surcando a la deriva
el útero absoluto
que ampara y enmudece
la soledad injertada a tu epidermis
asfixiante y febril
como un incendio de agua
te amenaza
la envidia agazapada de los dioses
tiburón de venganza
nadando a ras del suelo
el pulso aletargado de los hombres
invisibles latiendo su presencia
más allá de tus párpados
te dejas
tiradas sobre el muelle
las ropas de tu vieja condición
la piel de la salmodia una camisa
de reptil desvanecida las cuentas
de un rosario desgastado
la desesperada
plegaria por tus sueños
un grito inútil
desnudo
nada vale
lo que griten los peces
nada vale
la voz de un hombre sumergida
en la afónica mar de las ciudades
2.-
no incordies a los dioses no importunes
sus múltiples quehaceres con tus rezos
andar sobre las aguas
convertirse en la lluvia
dorada y traicionera
que viene a reposar
sobre los senos nuevos
la grupa inmaculada
de una muchacha apetecida alzar
la mar en dos murallas ahogar
al faraón con sus soldados irrigar
de sangre los hogares enemigos
vestir sobre la piel la piel de un toro
desollado de embravecida carne
arrebatada rapto del sexo entre
libidinosos muslos torbellino
de olas bajo el pubis consentido
3.-
entona pues tu antífona
ingenuo y desespera
conjuga invocaciones
en una letanía
sin ruido
nadie emite su voz tampoco
nadie escucha
te acomodas
al modo en que desisten las palabras
caídas hacia el fondo de la nada
como piedras caídas hacia el fondo abisal del océano
apenas un chapoteo distraído sobre el agua
como antiguas pasiones caídas hacia simas del olvido
xxii.- el entierro de los muertos (1)
en honor de t.s. eliot
el ojo que parece lo más vivo
es lo primero que la muerte ocupa
donde la luz se apaga enciende ella
un bullir discontinuo de moscardas
una futura siembra de gusanos
en la humedad cansada de los párpados
antes de que la tez haya mudado
de rosa en azucena al remansarse
la sangre por los vasos ya ha perdido
su cristal consistencia la mirada
recuerdo algunas noches sobre el acantilado
su pupila encendida engañaba a los barcos
la luz los empujaba a encallar en la estela
de esponja entre los labios
vendrán después callados batallones
a invadir de silencio y movimiento
la apacible quietud de los tejidos
voraces larvas de dípteros ácaros
de diminutas fauces coleópteros
acaso se alimenten de recuerdos
de restos de aplacados sentimientos
descubran en el yo tiempo dormido
inconfesos amores ocultas intenciones
despojos de la vida descuidados
arrumbados por pliegues de la carne
la miraba peinarse detrás de los cristales
jugando con el pelo lo llevaba
siempre suelto 'comme une fille en cheveux'
es lo que era éramos casi niños
salíamos al campo me enseñaba
el olor de la tierra el color
sangriento de las amapolas
el olor de su pecho el color
de la areola de sus senos
reposé mi cabeza sobre su vientre plano
nos espiaba un hombre
tras una tapia en ruinas
tal vez mudos propaguen por la tierra
renovadas esencias lo que hubiera
de privada belleza en ese cuerpo
repartido en semillas de potencia
lázaro dividido al infinito
brotando de color entre la hierba
al paso de una primavera nueva
“April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain” (1)
estarás tú sobre el silencio entonces
tú perfumada de remotas tardes
de espera a la salida del trabajo
ocasos compartidos por encima
de los puentes de piedra entre la bruma
de las aguas pasadas donde nunca
llegaron a encontrarse nuestras pieles
pregunté ¿me recuerdas? sólo entonces
abrió los párpados no contestó
y vi correr al fondo de sus ojos
los ríos del olvido que arrastraban
un rostro como el mío la cabeza
de un muñeco flotando a duras penas
sobre las aguas bravas de la melancolía
1.- “Abril es el mes más cruel, criando / lilas de la tierra muerta, mezclando / memoria y deseo, removiendo / turbias raíces con lluvia de primavera”.
T. S. Eliot.- The Waste Land , I. The Burial of the Dead .- Traducción de José María Valverde
septiembre
hay vida
un imposible pez de alas heridas
enredado a los vientos de la tarde
la canción del ocaso el canto ronco
de cisne sol de otoño derrotado
la ensimismada voz de tu recuerdo
hablándole al oído de esta espera
negra boca negra
de loba soledad aullando
a las esclarecidas lunas
de los escaparates
hay vida
es la hora en que cierran los comercios
la ciudad se remansa
cae la noche
a plomo sobre calles remojadas
los pasos repartidos cada uno
a su casa
la casa en exclusiva toda
para ti para el desorden
de tu cama
tu ropa
tu cabeza
hay vida
un cuervo de ala cana picoteando
la edulcorada piel de la memoria
la madurada pulpa
interrumpiendo
a cal y canto el fresco
fluir del pensamiento
hay vida
- dices -
más allá de los velos resignados
la irredimible niebla
del olvido
abrazo
derramada mi piel sobre la hierba
como la descuidada manta de un pastor desperezado
el vestido desnudo de una amante presurosa
entorno la mirada y me dispongo
a sembrarme sin riego sin semilla
en esta enredadera que se eleva hacia ti
como desesperadas raíces en el aire
crecen los veintiún artejos de mi cuerpo
a donde flotas tú casi una nube espesa
impermeable apenas sólida
al acecho del rayo de sol que quiera iluminarme
interpones la opaca la ondulada cortina de tus senos
amasados de tierra humedecida
el calor de tu sombra intercesora
y todo en el abrazo se detiene
si no es por el latido acelerado
descompasado pulso de nuestros corazones
bailaora de espaldas
una voz boreal y una guitarra
en compás de silencio espera quieta
rehuye la mirada de los focos
que alborea su piel como un secano
campo de clara luz de madrugada
levantados los brazos es un árbol
desnudo deshojado
sorprendido
cuando otra vez la primavera empieza
a remover la savia en sus raíces
diez pájaros de plumas encarnadas
detienen su revuelo bullicioso
sobre el arqueo airoso de las ramas
las alas de sus manos voladoras
escondida en el aire como un bloque
de piedra inabarcable hay una estatua
la tensa anatomía de las nalgas
la caja de su vientre concentrado
el torso en movimiento detenido
una danza de ritmos pedernales
un mármol encendido que en su espalda
cincel de la quietud ha torneado
con la fuerza anterior al primer paso
valle del benámor (vísperas)
las miradas
como ociosas palomas se aposentan
en un alcor de melancólica desgana
los colores se esparcen en bandadas
por la carpa del cielo repartido
en mínimas porciones por los besos
los labios entreabiertos de una diosa
la espalda acuchillada
del día hace inventario de emociones
al tiempo que reclina
el brillo atenuado de su frente
sobre el último
relieve del paisaje
le concede a la noche
la máxima confianza se abandona
en sus manos
encomienda el espíritu
con el cálido abrazo de un cuerpo enamorado
una púrpura espuma envuelve el horizonte
allá donde apacienta el sol en el ocaso
su tiro de caballos reventados
la piel que se desprende del crepúsculo
se apaga suspendida como lumbre
de lava desbordada de la tierra
convierte los perfiles en arcanos
enigmas en preguntas
que aguardan la respuesta
brillante de la luna
que no basta
despertar
naces entonces de la pulpa muerta
del humus descompuesto de la sombra
que abriga tu paisaje y te concede
otra resurrección un pulso nuevo
en la apariencia humilde
de un hongo una retama o seas acaso
el indefenso brote
que será más tarde encina poderosa
el peso de la luz sobre tu cuerpo te conforta
cuando desconocida descubres la curva nacarada
que te aleja del barro y te asemeja
más que a una piel desnuda enredada entre lienzos
a la deshabitada roca ofrecida al beso de las olas
la caricia permanente del viento que la toca
revoloteando desde las puntas incendiarias de mis dedos
entre las suaves ondas que la humedad del día te regala
con el desconsuelo resignado del sauce te contemplas
reflejada entre vahos en la luna
descansas tu armonía sobre el borde de un pozo alicatado
contraria a una paloma escondes la belleza
la envuelves en la pupa artificial de los vestidos
recuperas tu mínimo equipaje y vuelas perfumada
encendidos los labios del carmín que aún guardo
pegado al paladar mientras te sueño
alhárabe
por aquí pasa un río
decías avanzando tu paso de guijarro descalzo hasta la orilla
abriéndote camino entre encendidas piedras
que alargaban su sombra sedienta hacia tus plantas
buscabas la rivera de aguas inventadas
en donde tu cintura de adelfa adolescente
solía sumergirse desnuda entre las cañas
por aquí pasa un río
decías detenida tu cabeza en el solo insaciable deseo
mientras que desplegabas como una grulla en celo
las alas de la blusa al viento del verano
que rolaba rijoso de tu cuello a tus senos
por aquí pasa un río
decías me invitabas a vadear las olas
que anhelante agitaba tu vientre estremecido
a refrescar tu piel con lava de saliva
encendida mi boca volcánica en tus poros
por aquí pasa un río
decías reclamabas el amparo ondulante de mi torso
mitad proa de barca mitad culebra airada
mi perfil como nimbo anunciaba inminente la lluvia
las garras de un torrente de juncos erizados arañaban tus nalgas
y el río sobre un lecho de entrelazadas palmas
volvía de su ausencia dormido en la tangible pereza de las manos
a calmar la venérea nostalgia de tu abrazo
Francisco Morata Moya