poemas de "amanece la noche" (1992)

 

salimos de los campos de batalla vencedores

el orgullo bebiéndose por dentro nuestra sangre

 

nos dijimos la vida es nuestra no tenemos nada

que temer ya no hay problemas atrás el enemigo

yace inerte

 

no era cierto

 

salimos de los campos las batallas

empezaban en nosotros cada uno

sucumbiendo ante sus odios sus rencores

y el placer que provoca dar la muerte



 

 

 

 

 

 

 

ahora es la hora de los salmos

 

el santo rey david prepara la honda

y el santo rey fernando las espadas

santa juana de arco sus arqueros

y los santos violentos de la historia

preparan sus cabezas nucleares

 

ya es la hora maldita de los salmos

 

escóndete en la tierra más lejana

 

es hora de los salmos la salmodia

de curas confesores penitentes

va cubriendo de tierra a los vencidos


 

 

 

 

 

 

 

otoño otra vez

como la muerte se repite

y otra vez como las lluvias el vacío

de estar lejos de ti

de no tenerte


 

 

 

 

 

 

 

amanece la noche

cuando ella

despereza su cuerpo

y se despoja

de la última seda

que separa

su piel y mi deseo

 

 

 

 

 

 

 

poemas de "donde beben las almas"(1999)

 

 

1.- una mar mentida y cierta

 

“vengo, madre, de mirar

una mar mentida y cierta

que no es la mar y es la mar”

(R. Alberti.- Marinero en tierra )

 

 

 

como bocas del mar

serán tus ojos

manantiales

donde beben las almas


 

 

 

 

 

 

 

donde el mar se remansa – como el ciego

marinero se derrama en la arena

exhausto entre los restos del naufragio -

perdida cólquida vengo a tenderme

en la abrigada rada de tus senos

fiado en que me sean favorables

los anhelos que alojas el deseo


 

 

 

 

 

 

 

 

éxodo

 

alzas los brazos y se abre

el mar en dos entre tus piernas

faraón que te acosa se aventura

- unicornio desnudo – por tu lecho

no ignora el maremoto que le acecha

el tumulto del agua reunida

un sofoco de sal desde los labios

el ahogo y la muerte más pequeña


 

 

 

 

 

 

 

 

tarde de mayo

 

nada gana la playa por ejemplo

si el llanto de tus poros le regala

amarguras de sal cálida escarcha

ni es mas agua la mar porque tu cuerpo

le dé barcos de rubias singladuras

pero quiero – y no tiene la razón

derecho de prohibirlo – que tú seas

el canon que permite que la arena

reciba luz del sol poniente y midas

en lentos pasos de tus pies desnudos

la extensión de una tarde

de mayo por ejemplo

 


 

2- antes que el tiempo acabe

 

“No eres tú, sino sombra

Del amor que en mí existe

Antes que el tiempo acabe.”

(L. Cernuda. Con las horas contadas)

 

 

como una bala lenta que se acerca

dormida inevitable

al centro del cerebro

 

como una niña arena que se escapa

enferma de las manos

 

es el miedo que tengo de perderte


 

 

 

 

 

 

 

 

no existe el tiempo dice es la celada

que un demiurgo tiende a nuestros sueños

 

lo afirma cuando aún cuelga

la dicha al sol sus últimos pendones

 

y el tiempo que no existe la despierta

abocada al abismo de su espejo

 

deshabitado el amor la memoria

y la belleza


 

 

 

 

 

 

 

 

Ronsard me célébrait du temps que j'étais belle !

(P. Ronsard. Sonnets pour Hèlène)

 

cuando pasen las rosas y el otoño

embosque sobresaltos en tu espejo

bebe las dulces fuentes del pasado

déjate seducir por la nostalgia

 

cuando llegue el invierno y ya no sea

la sombra del amor que nos cobija

iré hasta ti doliente de añoranza

por las tardes de ayer que no he tenido

la flor de sed que sueño sin saciarme


 

 

 

 

3.- voz que soledad sonando

“Voz que soledad sonando

por todo el ámbito asola,

de tan triste, de tan sola

todo lo que va tocando

(Ángel González. Áspero mundo)

 

 

génesis

 

casi en la noche el deseo te asalta

 

eres ángel de fuego que me invita

a habitar para siempre sus moradas

 

yo sierpe de pecado que desciende

soberbia hacia el jardín del paraíso

 

me mientes el amor y la ternura

calma tu sed el fruto que te ofrezco

 

enemigo que soy me das la vida


 

 

 

 

 

 

 

y cómo explico

que abro los labios para dar un beso

y se me llena el estómago de humo

y de alaridos


 

 

 

 

 

 

 

una ciudad sin río ni arboledas

un invierno interior en donde apenas

las gestes el paisaje son más cálidos

que el pánico de ver la muerte a solas


 

 

 

 

 

 

 

el guardián de la torre pierde el sueño

a veces en la noche porque escucha

un rumor de cantigas en las celdas

 

el guardián de la torre no distingue

si es un carmen de amor o himno de luto

el canto que perturba su descanso

 

abajo en las mazmorras los enfermos

exhalan su dolor las madres llaman

a gritos a sus hijos los más jóvenes

se enamoran y sufren pero nadie

pone música o ritmo a sus palabras

 

la falta de atención y la distancia

la dureza de oído y una mente

no dotada de gusto por el arte

convierten como mágica retorta

lo que no es sino vida cotidiana

en la más melodiosa serenata

el coro funeral más afligido


 

 

 

 

 

 

 

la mujer del brujo es joven desmayada

se acurruca en las sombras lejos del fuego muda como una sierva mientras la escarcha va formando cristales en su pelo

 

cansado de fumar junto a una lumbre fría el hechicero envuelve sus huesos encorvados en una piel de vaca que chinches y pulgas le disputan reclina sobre un tronco su cabeza lastrada de alcohol y se abandona en las garras de un sueño espejo de la muerte

 

la mujer rebusca en una parva de trigo infesto de gorgojo donde esconde una estaca de olivo puntiaguda

se acerca arrastrando por el barro sus cabellos a la yacija inmunda donde el hombre convive con todos sus olores

alza al aire sus manos oferentes

empuña en ellas un bálano asesino que descarga setenta veces siete sobre el pecho de quien siempre la había maltratado

 

hay sobre el fuero un pote de barro olla prohibida que hierve a borbotones un agua pestilente

bebe un sorbo de urgencia que escalda su garganta

se incorpora

es alta y sarmentosa como un árbol en invierno

intenta maldecir y la posee un olvido tan largo como el odio

su cuerpo se vuelve incandescente

le estalla la cabeza

de ella vuelan jaramagos y abejas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

poemas de "arquitectura efímera" (1998-2005)

 

 

PRÓLOGO

 

el amor

arquitectura efímera

funámbulo equilibrio

leve como la herida

que la sombra de un árbol

produce sobre el lecho

de agua en que descansa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

llanto

 

por consolar al viento

de duelo por su cara

extiende ella

dos húmedas pestañas

dos abanicos de agua

 


 

 

 

 

 

remedios caseros

 

recorrer una playa el espigón

junto al muelle de una ciudad extraña

abrazar esa sal que me provoca

disimuladas lágrimas

abrirme

las venas los poros para la brisa

que no recuerda músicas antiguas

ni ha olvidado tampoco los quejidos

de tu cuerpo y mi cuerpo abandonados

al curso de la noche de las bocas

desgarradas en dos como una tumba

 

no sucumbir al choque de mi imagen

con cien años de más de paseante

que se refleja solo en los cristales

 

hacerme el fuerte sonreír al tiempo

que hojeo en la memoria anuncios por

palabras la llamada de socorro

de alguien como yo que busque piso

de alquiler y compañero de viaje

 

ignorar el tirón de tu recuerdo

 

y no estar contigo otra vez si no

es posible que mueras en mis brazos

 

 

 

 

 

 

 

 

te amaré hasta la muerte

- dijo - mientras

sacaba de la funda un estilete

 

 


 

 

 

 

 

 

 

ofertorio

 

para tus manos pájaro

para tu piel serpiente

para tu boca el ala

muda de un beso

soy

 


 

 

 

 

 

 

 

fénix

 

ha pasado la chacha por la sangre

colocado el desorden de la propia

expiración

recogido sus restos

en paquetes que ha ido repartiendo

por secciones diversas del olvido

 

aseado calzado de cinismo

y perfumado ha salido a la calle

convertido en hombre nuevo

dispuesto

a gozar el castigo de otro día

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

orillas de la mar

 

el ala de un pájaro esperando

que el viento la vuele

se eleve el aire sobre ella

alzado en deseado vuelo

de labios agobiados

del aliento

por las zonas de umbría de tu cuerpo

 

boca de pluma al abatirse

lenta como la edad

inexorable

al tibio contacto de la piel dormida

- unas cosquillas leves sobre el vello

un beso íntimo de espuma -

te despierte

 


 

 

 

 

 

 

 

fame coacta vvlpes

 

fame coacta uulpes alta in uinea

uuam adpetebat ...

 

tan lejos en la arena de aquella mar de vino

poblada de medusas el cuerpo de una diosa

naciendo de la espuma a la mañana comiéndose

las olas su cintura tus ojos sus caderas

bebiéndote el deseo la baba a tragos largos

mientras ella plástico y sexo anda descalza

a desplegar su hermoso cepo en una toalla

rebozada de aceites su piel como de mieles

donde quedan prendidas miradas de moscones

presos de patas o remisos nondum matura

- murmuras viejo zorro no te gusta admitir

que hincarías gustoso el diente en esas uvas

 


 

 

 

 

 

 

“in vino veritas”

 

dijiste acariciando

el cuenco de la copa

como hubieras

querido acariciarle

la curva de la cara

allí donde se juntan

los lóbulos el pelo

con el cuello

brindando por sus ojos

embustero

cuando ansiabas

arrancarle la ropa

echar tu fruto

al hondo jaraíz

de su bodega

 

“in vino veritas”

 

te dijo acariciando

su boca con el fino

reborde de la copa

ofreciendo el calor

del caldo compartido

a su garganta

provocando

la subida de todos

tus humores

la saliva en la boca

y un fermento

de poderosa sed

bajo tu vientre

 

“in vino veritas”

 

articulaste apenas

con la ofídica lengua

mojándote los labios

deseando beber

entre los suyos

el fruto madurado

por el roble

agarrarte a sus muslos

rotundos como el árbol

y libar entre ellos

otros caldos

más allá de protestas

de resuellos

de gritos y de espasmos

de una noche de amor aderezada

de atávicos sabores olvidados

 

“in vino veritas”

 

la verdad es que te vino

sin apenas rozarla

 


 

 

 

 

 

 

 

nausícaa privada

 

el ruido de las olas

batiendo impertinentes

en los acantilados

al fondo de sus ojos

me devolvió a la vida

 


 

 

 

 

 

 

visión

 

vi pájaros inválidos

sin vuelo

no volaban

no podían alzarse

al viento acudir

a reposar su espuma

sobre la adelantada

arista de tus labios

 

vi pájaros de aliento

volar desde mi boca

a picotear tu cuello

 

iguales que una hoz

de niebla puntiaguda

 

 

 

 


 

mar sureste

 

1.-

 

parecía muy sola

caminaba hacia mí sobre la línea

tan poco perceptible que limita

el azar y el destino

la luz que se filtraba entre los toldos

aureolaba de azules su cabeza

traía en la mirada

un bálsamo de ovas

olor de los naranjos en el pecho

la esquina de su pubis cobijaba

atolones de lava contenida

 

2.-

 

yo navegaba a lomos del destierro

un tobogán de sal una montaña

rusa de mar donde pudiera

aplacar el ardor de otra memoria

 

3.-

 

detrás de mis pupilas florecían

antófagas miradas

la sombra de mi paso envenenaba

la ondosa cabellera el ondulante

torso de los mares

 

 

 

4-

 

vine a comer el plancton de su boca

por toda recompensa le ofrecía

un cabo de cuaderna varado entre las algas

el aroma de sal que transportaban

mis labios a sus labios

 

5.-

 

deja de lado tus temores rema

a bordo de mi espalda estigia

más allá del amor está la muerte

más acá del amor no queda vida

 

6.-

 

haces de mí inmortal

tu voz me mueve

como aerolitos en el planetario

me sueñas y me creas

el delirio

de un cíclope borracho

una doncella

enamorada crea las manos

que apaciguan su piel

sobre la noche me imaginas tú

y yo te invento


 

 

 

 

 

 

 

marina

 

como si oyera el mar

cuando me asomo

a la baranda azul

de su mirada

 

el olor de la brisa

me conmueve

el aire perfumado

entre las heliconias

 


 

 

 

 

 

 

 

ahora que a veces

recuerdo tu presencia

como si ya te hubieras ido

me gusta acariciarte

por delante del tiempo

cuando no estarás tú

y será vuelo

- un pájaro aterido

de plumas incendiarias -

el roce arrebatado de tu cuerpo

la negada rugosidad de los poros

la insolencia recatada en el desnudo

los labios tan abiertos

que no abarqué sus límites

 

la batalla perdida de certeros

puñales contra ti

sorprendida

de seda

desa(r)mada

 

 

 

 


 

leo tu piel

de pronto mármol frío

cincelado epitafio que evocase

memoria escrita de pasiones muertas

 

pluma la punta de mi lengua alzaba

un mapa de tu dermis al recuerdo

los vellos pubescentes

los lunares

cicatrices de ataques invisibles

al alma

a la escondida entraña

al sexo

 

tu boca abierta

un frente de combate

un ejército diestro en la emboscada

tus caderas

la línea de tus senos

armadura quebrada por los labios

 

llamas de dolor ansiado

espera

de tu pelo venido como lenguas

de fuego a derramar

su don sobre la carne

 

es un tiempo añorado

ahora duermes

ajena

tu desgana sobre el lecho

abarloada a mi espalda contra un muelle

donde carga sus naves la desidia

 

suave alabastro acoge mis caricias

fácil la palma se desliza libre

recorre los paisajes donde hubiera

asaltos del amor sordas tormentas

mas no recoge nada como nada

recibe el enfermero que piadoso

cierra los ojos que olvidó la vida

 

 

 

 


 

bajarás otra vez

última vez

a contemplar conmigo

el hueco de tu cuerpo

vacío sobre lechos

de limo en el olvido

 

te mirarás tendida

como hacías entonces

fiada tu cabeza

vestía mi cintura

 

repasarás pisadas

ahora desprovistas

de peso por las playas

de nuestra biografía

el tiempo hecho de mármol

de mercurio

de malas digestiones

infinito

 

buscarás ya sin sed

la fuente de los besos

el sabor mineral

de las adolescentes

bocas cruzadas de ortodoncia

 

echarás de sus nidos

las aves del recuerdo

las que aún recuperan

sus fuerzas en las ramas

calladas de tu arpa

silenciosa

dormida

 

no quedará al subir

memoria que te inquiete

 

un bocado de sal sea la despedida

dos ababoles negros

las viejas cicatrices de los besos

que tus labios habrían arrancado

cuando aún se acercaba

balsámica tu sombra

de mi entraña

 

 

 


cuando ya no te quiera

 

perdurará sonámbula tu esencia

el nombre que te nombra sumergido

en pliegues de traición de mi cerebro

acechando el momento de evadirse

- un murmullo- al oído de otra amante

 

 

 


 

escapar de esta casa

quizás hacia un paisaje

que ya no existe lo secuestró el tiempo

arriba los pinares las sabinas

el espliego y abajo un río niño

que acurrucan las hojas de los chopos

 

siglos atrás

el aire transparente

el agua limpia la cristalina

entrada de las almas debutantes

a la vida al amor a la pereza

de unos cuerpos felinos

amando junto al fuego

antes del cloro el sida y los condones

 

no importa el sitio en realidad si tienes

una ventana abierta a los tejados

las copas de los árboles moradas

vecinas donde orea el sol

los vahos de la noche una atalaya

para mirar el mundo desde arriba

- tu ciudad - como torre de vigía

la colada tendida las antenas

la ruina que amenaza la belleza

los hastiales bastidos de palomas

- sus mentidas virtudes recortadas

en alas de colores contra el cielo

 

sucumbir al estímulo emularlas

vestirse su plumaje alzar el vuelo

entregar al vacío un cuerpo grávido

dejarse despeñar por el abismo

 

el tiempo ya no pasa los recuerdos

mueren arriba en la alcoba abierta

que no visita nadie

no conocen

su nombre las sirenas sus afanes

el color de su pelo

-¡tan oscura es la noche! -

las tardes embriagadas en tugurios

su apetecible cuerpo en una playa

 

otras presas quisieran devorarlo

gatos de callejón estatuas móviles

ojos de fósforo entre los escombros

sobresalto erizado a la captura

de la sangre caliente

cuajando en las baldosas

mizos corriendo con las bocas llenas

espumadas de plumas de malvada

carne de inmolación de sacrificio

vestida por la muerte de inocencia

 

 

 

 

 


 

la plegaria del pez

 

I forget to pray for the angels

and then the angels forget to pray for us

 

sales de ti regresas al origen

un paramecio aislado una medusa

surcando a la deriva

el útero absoluto

que ampara y enmudece

la soledad injertada a tu epidermis

asfixiante y febril

como un incendio de agua

te amenaza

la envidia agazapada de los dioses

tiburón de venganza

nadando a ras del suelo

el pulso aletargado de los hombres

invisibles latiendo su presencia

más allá de tus párpados

te dejas

tiradas sobre el muelle

las ropas de tu vieja condición

la piel de la salmodia una camisa

de reptil desvanecida las cuentas

de un rosario desgastado

la desesperada

plegaria por tus sueños

un grito inútil

desnudo

nada vale

lo que griten los peces

nada vale

la voz de un hombre sumergida

en la afónica mar de las ciudades

 

2.-

 

no incordies a los dioses no importunes

sus múltiples quehaceres con tus rezos

andar sobre las aguas

convertirse en la lluvia

dorada y traicionera

que viene a reposar

sobre los senos nuevos

la grupa inmaculada

de una muchacha apetecida alzar

la mar en dos murallas ahogar

al faraón con sus soldados irrigar

de sangre los hogares enemigos

vestir sobre la piel la piel de un toro

desollado de embravecida carne

arrebatada rapto del sexo entre

libidinosos muslos torbellino

de olas bajo el pubis consentido

 

3.-

 

entona pues tu antífona

ingenuo y desespera

conjuga invocaciones

en una letanía

sin ruido

 

nadie emite su voz tampoco

nadie escucha

 

te acomodas

al modo en que desisten las palabras

caídas hacia el fondo de la nada

como piedras caídas hacia el fondo abisal del océano

apenas un chapoteo distraído sobre el agua

 

como antiguas pasiones caídas hacia simas del olvido

 


 

xxii.- el entierro de los muertos (1)

en honor de t.s. eliot

el ojo que parece lo más vivo

es lo primero que la muerte ocupa

donde la luz se apaga enciende ella

un bullir discontinuo de moscardas

una futura siembra de gusanos

en la humedad cansada de los párpados

antes de que la tez haya mudado

de rosa en azucena al remansarse

la sangre por los vasos ya ha perdido

su cristal consistencia la mirada

 

recuerdo algunas noches sobre el acantilado

su pupila encendida engañaba a los barcos

la luz los empujaba a encallar en la estela

de esponja entre los labios

vendrán después callados batallones

a invadir de silencio y movimiento

la apacible quietud de los tejidos

voraces larvas de dípteros ácaros

de diminutas fauces coleópteros

acaso se alimenten de recuerdos

de restos de aplacados sentimientos

descubran en el yo tiempo dormido

inconfesos amores ocultas intenciones

despojos de la vida descuidados

arrumbados por pliegues de la carne

 

la miraba peinarse detrás de los cristales

jugando con el pelo lo llevaba

siempre suelto 'comme une fille en cheveux'

es lo que era éramos casi niños

 

salíamos al campo me enseñaba

el olor de la tierra el color

sangriento de las amapolas

el olor de su pecho el color

de la areola de sus senos

 

reposé mi cabeza sobre su vientre plano

nos espiaba un hombre

tras una tapia en ruinas

tal vez mudos propaguen por la tierra

renovadas esencias lo que hubiera

de privada belleza en ese cuerpo

repartido en semillas de potencia

lázaro dividido al infinito

brotando de color entre la hierba

al paso de una primavera nueva

 

“April is the cruellest month, breeding

Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring

Dull roots with spring rain” (1)

 

 

 

estarás tú sobre el silencio entonces

tú perfumada de remotas tardes

de espera a la salida del trabajo

ocasos compartidos por encima

de los puentes de piedra entre la bruma

de las aguas pasadas donde nunca

llegaron a encontrarse nuestras pieles

 

 

 

pregunté ¿me recuerdas? sólo entonces

abrió los párpados no contestó

y vi correr al fondo de sus ojos

los ríos del olvido que arrastraban

un rostro como el mío la cabeza

de un muñeco flotando a duras penas

sobre las aguas bravas de la melancolía

 

1.- “Abril es el mes más cruel, criando / lilas de la tierra muerta, mezclando / memoria y deseo, removiendo / turbias raíces con lluvia de primavera”.

T. S. Eliot.- The Waste Land , I. The Burial of the Dead .- Traducción de José María Valverde

 

 

 

 

septiembre

 

hay vida

 

un imposible pez de alas heridas

enredado a los vientos de la tarde

la canción del ocaso el canto ronco

de cisne sol de otoño derrotado

la ensimismada voz de tu recuerdo

hablándole al oído de esta espera

negra boca negra

de loba soledad aullando

a las esclarecidas lunas

de los escaparates

 

hay vida

 

es la hora en que cierran los comercios

la ciudad se remansa

cae la noche

a plomo sobre calles remojadas

los pasos repartidos cada uno

a su casa

la casa en exclusiva toda

para ti para el desorden

de tu cama

tu ropa

tu cabeza

 

hay vida

 

un cuervo de ala cana picoteando

la edulcorada piel de la memoria

la madurada pulpa

interrumpiendo

a cal y canto el fresco

fluir del pensamiento

 

hay vida

- dices -

más allá de los velos resignados

la irredimible niebla

del olvido

 

 

 

 

 


 

abrazo

 

derramada mi piel sobre la hierba

como la descuidada manta de un pastor desperezado

el vestido desnudo de una amante presurosa

entorno la mirada y me dispongo

a sembrarme sin riego sin semilla

en esta enredadera que se eleva hacia ti

como desesperadas raíces en el aire

crecen los veintiún artejos de mi cuerpo

a donde flotas tú casi una nube espesa

impermeable apenas sólida

al acecho del rayo de sol que quiera iluminarme

interpones la opaca la ondulada cortina de tus senos

amasados de tierra humedecida

el calor de tu sombra intercesora

y todo en el abrazo se detiene

si no es por el latido acelerado

descompasado pulso de nuestros corazones

 

 

 


 

bailaora de espaldas

 

una voz boreal y una guitarra

en compás de silencio espera quieta

 

rehuye la mirada de los focos

que alborea su piel como un secano

campo de clara luz de madrugada

 

levantados los brazos es un árbol

desnudo deshojado

sorprendido

cuando otra vez la primavera empieza

a remover la savia en sus raíces

 

diez pájaros de plumas encarnadas

detienen su revuelo bullicioso

sobre el arqueo airoso de las ramas

las alas de sus manos voladoras

 

escondida en el aire como un bloque

de piedra inabarcable hay una estatua

la tensa anatomía de las nalgas

la caja de su vientre concentrado

el torso en movimiento detenido

 

una danza de ritmos pedernales

un mármol encendido que en su espalda

cincel de la quietud ha torneado

con la fuerza anterior al primer paso


 

 

 

 

 

valle del benámor (vísperas)

 

 

las miradas

como ociosas palomas se aposentan

en un alcor de melancólica desgana

 

los colores se esparcen en bandadas

por la carpa del cielo repartido

en mínimas porciones por los besos

los labios entreabiertos de una diosa

 

la espalda acuchillada

del día hace inventario de emociones

al tiempo que reclina

el brillo atenuado de su frente

sobre el último

relieve del paisaje

le concede a la noche

la máxima confianza se abandona

en sus manos

encomienda el espíritu

 

con el cálido abrazo de un cuerpo enamorado

una púrpura espuma envuelve el horizonte

allá donde apacienta el sol en el ocaso

su tiro de caballos reventados

 

la piel que se desprende del crepúsculo

se apaga suspendida como lumbre

de lava desbordada de la tierra

convierte los perfiles en arcanos

enigmas en preguntas

que aguardan la respuesta

brillante de la luna

que no basta

 

 

 

 

 

 

despertar

 

naces entonces de la pulpa muerta

del humus descompuesto de la sombra

que abriga tu paisaje y te concede

otra resurrección un pulso nuevo

en la apariencia humilde

de un hongo una retama o seas acaso

el indefenso brote

que será más tarde encina poderosa

 

el peso de la luz sobre tu cuerpo te conforta

cuando desconocida descubres la curva nacarada

que te aleja del barro y te asemeja

más que a una piel desnuda enredada entre lienzos

a la deshabitada roca ofrecida al beso de las olas

la caricia permanente del viento que la toca

revoloteando desde las puntas incendiarias de mis dedos

entre las suaves ondas que la humedad del día te regala

 

con el desconsuelo resignado del sauce te contemplas

reflejada entre vahos en la luna

descansas tu armonía sobre el borde de un pozo alicatado

contraria a una paloma escondes la belleza

la envuelves en la pupa artificial de los vestidos

recuperas tu mínimo equipaje y vuelas perfumada

encendidos los labios del carmín que aún guardo

pegado al paladar mientras te sueño

 


 

 

alhárabe

 

por aquí pasa un río

decías avanzando tu paso de guijarro descalzo hasta la orilla

abriéndote camino entre encendidas piedras

que alargaban su sombra sedienta hacia tus plantas

buscabas la rivera de aguas inventadas

en donde tu cintura de adelfa adolescente

solía sumergirse desnuda entre las cañas

 

por aquí pasa un río

decías detenida tu cabeza en el solo insaciable deseo

mientras que desplegabas como una grulla en celo

las alas de la blusa al viento del verano

que rolaba rijoso de tu cuello a tus senos

 

por aquí pasa un río

decías me invitabas a vadear las olas

que anhelante agitaba tu vientre estremecido

a refrescar tu piel con lava de saliva

encendida mi boca volcánica en tus poros

 

por aquí pasa un río

decías reclamabas el amparo ondulante de mi torso

mitad proa de barca mitad culebra airada

mi perfil como nimbo anunciaba inminente la lluvia

las garras de un torrente de juncos erizados arañaban tus nalgas

 

y el río sobre un lecho de entrelazadas palmas

volvía de su ausencia dormido en la tangible pereza de las manos

a calmar la venérea nostalgia de tu abrazo

 

 

Francisco Morata Moya