tu visita

No esperaba verte hoy. Sinceramente tu visita me ha descolocado pues pensé que, después de tantos años, ni siquiera te acordarías de mí. Me alegro de verte, la verdad pero, por favor, quita esas lagrimitas de tu cara. Y es que tu sollozo me impide escucharte y casi olvidé tu voz. Niña, no sigas llorando. Mírame. ¿A qué me sienta bien este maquillaje? Según estaban maquillándome me acordaba de aquella tarde en aquella ciudad cuando me pintaste los ojos y salimos a divertirnos. Tu amiga no podía ni creerlo y su novio menos aún, ¿te acuerdas? Y de esta música que elegí para este momento, ¿no me dices nada tampoco? La elegí pensando en ti. Siempre he sabido que Luis Miguel te gustaba y este bolero de “Solamente una vez” era tu preferido. Pedí que lo pusieran como homenaje a ti pues no sabía que ibas a venir y quería dedicarte gran parte de este momento.
No dejas de mirarme, es como si no te creyeras lo que estás viendo. Después de tantos años, veo que el tiempo ha ido marcando muy poco tu piel, sigues estando guapa. Por tu forma de vestir imagino que tampoco te va muy mal en la vida. Me alegro. Yo, ya ves cómo estoy.
¿No tienes ganas de bailar? Ninguno de los dos sabemos cuándo tendremos oportunidad de volver a hacerlo. Está sonando suave la música. Fíjate cómo nos miran nuestros amigos y la familia que acompañan este momento. Les has contagiado tu llanto, niña. Estás fria, más que yo. No dejo de observarte y veo que no dejas de mirarme. Tienes esa mirada que años atrás me enternecía. ¡Qué lástima de todo lo que pasó después! Pero, eso son cosas de la vida, de esa vida.
Te estoy viendo balbucear, como si trataras de decirme algo. Lo estás diciendo tan bajito que me cuesta oirte. Yo no he dejado de hablarte desde que entraste, ¡qué sorpresa me has dado! Quizá seas la última persona que esperaba aquí. He visto ya a algunas personas que hacía tiempo que no veía. He conocido a mucha gente de la que me habías hablado y no han cambiado mucho a pesar del paso del tiempo. Se mantienen bien.
Alguien debería pedir que pusieran la música más bajita, más suave. Sé que has estado informada de cómo me fue la vida aunque me da rabia que desde nuestro distanciamiento jamás volviéramos a hablar. Hubo momentos que eché de menos todo lo que tenía junto a ti, hubo momentos en los que me hubiera gustado tener agallas para llamarte, sólo por escucharte. Yo olvidé todo lo malo y nunca dejé de recordar lo bueno. Pero ahora estás aquí, y eso es lo que vale.
En fin, creo que no voy a poder ver tus ojos sin lágrimas hoy. Veo que ya viene el coche a buscarme y que, pronto, me cubrirán para introducirme en él. Ya han quitado toda la música y están llevándose las flores. La gente también va marchando ya. Ahora tienes a mucha gente a tu lado depositando sus miradas en mí. Espero tardar mucho en verte allá donde hoy marcho, aunque espero que de vez en cuando me recuerdes. Yo estaré viéndote desde mi lugar. Cuídate, seca tus lágrimas y, sobre todo, gracias por venir a despedirme, princesa.

Xabier Catalá